Hace una semana nos preocupamos sobre la posibilidad de realizar extracción de petróleo por medio de fracking o fractura hidráulica en el mar (off shore) en Mar del Plata, pero hoy, esto parece pequeño en comparación de una nueva forma de extracción marítima que pone en alerta a la comunidad ambiental mundial. Por eso hoy, en esta nueva columna ambiental, vamos a hablar sobre la minería en altamar.
Nauru, una pequeña nación insular en el océano Pacífico que exige desde
hace algunos años que se le permita realizar minería en el fondo del mar. Esto
pone en alerta al mundo científico ambiental debido a que puede desencadenar
una serie masiva de extracciones mineras en el fondo del océano, lo cual puede
tener grandes impactos ambientales. Lo que se quiere extraer específicamente
son unos denominados “nódulos” que son ricos en cobalto y otros metales
valiosos que podrían ser útiles para baterías y sistemas de energía renovable.
Todo esto potenciado por la necesidad de una transición hacia una economía
libre de combustibles fósiles.
Lamentablemente, aun no se tiene tanto conocimiento científico sobre cómo
se comportan las llanuras abisales o del fondo marino, pero se estima que son
ecosistemas altamente complejos, ricos en biodiversidad y delicados, por lo
que, y regidos por el principio precautorio, no se aconseja realizar este tipo
de actividad.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuenta con distintas
comisiones o secretarías que se encargan de distintos temas, entre ellas se
encuentra la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (AIFM) que supervisa
el fondo de los océanos. Por su parte Nauru, ha activado una cláusula de “letra
chica” que podría acelerar el proceso minero, una subcláusula de la Convención
de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar que permite a los países
apretar un "gatillo" acelerador de dos años si sienten que las
negociaciones van demasiado lentas. Este país en asociación con la empresa
minera DeepGreen, sostienen que la comunidad internacional tiene el
"deber" de hacer este movimiento para ayudar a alcanzar la
"certeza regulatoria". Entre las justificaciones de este país se
encuentra su vulnerabilidad ante el cambio climático (por la elevación del
nivel del océano Nauru puede desaparecer) y su “buena voluntad” por las
energías renovables.
Mientras tanto, el Fondo Mundial para la Naturaleza exige que la prorroga
se mantenga para poder, al menos, tener un mayor entendimiento de los posibles
impactos que pueda traer esta actividad. Y, la ONU y el AIFM dicen que ninguna
empresa submarina debería comenzar a minar en los próximos años.
Por el momento, Nauru se volvió tema de interés a nivel internacional y nos
pone a recapacitar hasta donde el uso de energía renovables no puede llegar a
ser igual o más perjudicial que los combustibles fósiles. Claro, que, si
ponemos en la balanza, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero son un
problema que hay que cortar ya y el uso de energías no contaminantes es
necesario. Pero, hay que poner el ojo en que la generación de estas no sea un
perjuicio.
El camino a la sustentabilidad no es en línea recta, aún debemos pasar
algunos obstáculos, sobre todo relacionados a la falta de entendimiento
científico de algunas zonas de nuestro planeta. La investigación y avance
tecnológico deben ir de la mano con la comprensión de nuestro mundo. Por lo
pronto, aún nos queda esperar para ver que pasa también con la Evaluación de
Impacto Ambiental en “La Feliz”.
