En la columna ambiental de hoy reflexionamos sobre que tan ecofriendly son las criptomonedas como el Bitcoin.
Últimamente se habla mucho sobre las criptomonedas debido al desplome financiero del Bitcoin tras los anuncios del creador de la empresa Tesla, Elon Musk. Este análisis que se hace ha llegado hasta los cuestionamientos ambientales, ¿realmente el Bitcoin es ecofriendly o ambientalmente amigable? Antes de resolver esta duda, vamos a ver, de manera muy
simplificada, qué es una criptomoneda y cómo funciona. Básicamente una moneda
de este estilo es una moneda virtual electrónica que no tiene representación
física como monedas o billetes que estamos acostumbrados a utilizar. Para que
la criptomoneda exista, contamos con el “ecosistema” Bitcoin, formado por una
red de usuarios que se comunican entre sí utilizando un protocolo encriptado
(por eso cripto) a través de internet. La cantidad de Bitcoins es limitada y la
obtención se realiza por medio de un proceso que se denomina “minería de
Bitcoin”. Un mundo diferente al que estamos habituados. Su atractivo radica en
las bajas tasas de pago que proporciona.
Para que esta minería funcione es necesario contar con
programas computacionales específicos y mega procesadores, que a veces tienen
el tamaño de habitaciones enteras, para realizar las operaciones
criptofinancieras. Estas computadoras gigantescas consumen una gran cantidad de
energía eléctrica y uso de internet, lo cual no son buenas noticias para el
ambiente. Pero vamos por partes.
En cuanto al consumo energético, la estimación de consumo
potencial varía según el tipo de criptomoneda (sí, hoy en
día existen más de 10.000 monedas virtuales en todo el mundo y va en aumento),
pero según cifras brindadas por el Centro de Energía Alternativa de la
Universidad de Cambridge, el Bitcoin consume más energía en un año que
Argentina, tal así que, si esta moneda fuera un país, estaría entre los 30
principales países consumidores de energía del mundo. Según este estudio, el
consumo está en 150 TWh y las estimaciones máximas y mínimas varían entre 516
TWh y 47 TWh, respectivamente.
Siguiendo, en cuanto a consumo de internet, se sabe que
cada vez que “Googleamos” algo emitimos 0,2 gramos de CO2 (Dióxido de Carbono)
esto significa que el efecto invernadero provocado por mil búsquedas
equivaldría a conducir un coche durante un kilómetro. Sin embargo, Bitcoin lo
exacerba. Las emisiones de carbono anuales de las criptomonedas son actualmente
equivalentes a 7.000 millones de celulares cargándose, considerando uno por
habitante del mundo.
Está bien que el 40% de las formas de generación de
energía que se utilizan para las monedas virtuales es por medio de energías
renovables, y eso es muy bueno. Pero, si vemos uno de los informes de Cambridge
Center, más de 90 TWh de Bitcoin se obtiene por medio de energías no
renovables. En otras palabras, el consumo de electricidad proveniente de
energías no renovables equivale aproximadamente al consumo de 10 millones de
hogares durante el año.
Si las criptomonedas se acercaran a un nivel de adopción
generalizada, como sucede con el papel moneda, la demanda de energía para las
transacciones probablemente se dispararía tal como indican todas las
proyecciones. Claro que, esta columna no dice que el papel moneda no traiga sus
efectos al ambiente, después de todo, el papel se crea a partir de la celulosa
de los árboles y tanto la deforestación como la creación del dinero genera
grandes impactos ambientales como contaminación y cambio climático. Pero esa es
historia para otra columna…
