domingo, 8 de noviembre de 2020

El Desierto Artificial Pampeano

En la columna ambiental de hoy detallamos la descripción de un conflicto interjurisdiccional de mal manejo de los recursos hídricos que tuvo como consecuencia la desertificación del oeste pampeano.

   

 Tenemos en nuestras mentes que la belleza de los paisajes está arraigado a la cantidad de agua que haya en estos, de esta manera, se suele catalogar a los desiertos como algo “malo” y a las selvas y bosques como algo “bueno”.
Cuando hablamos de paisaje nos referimos a un ambiente que tiene características determinadas dependiendo de la topografía (si hay llanura, valles, cerros o montañas) y el clima (cantidad de lluvia y temperatura), lo cual hará que se encuentren formas de flora, fauna y tipo de suelo característico. Ahora bien, ¿estas características de los ambientes son solamente naturales o puede haber un efecto derivado de la acción humana?


    Antes de responder a esta pregunta, debemos recordar algunos conceptos. Hemos mencionado que el ambiente también nos incluye a la especie humana como parte y forma, lo cual se denomina mirada “eco centrista” que, a diferencia de la mirada “antropocentrista” (antro=humano, centrista= centro de atención), nos incluye y nos responsabiliza sobre las acciones que tenemos como ambiente. Recordemos que no es la intención nunca generar sentimientos de culpa en los individuos sobre todos los problemas del mundo porque no tiene lógica en sentido de escala y entorpece en la responsabilización consiente con nuestro entorno.
Ahora sí, ya con esas cuestiones aclaradas, vamos a responder la pregunta formulada retomando nuestro viaje por las ecoregiones de La Pampa, nos queda una por definir, la denominada ecoregión “del Monte de llanuras y mesetas”. Ésta ocupa un 6,71% de toda la Argentina y solo tiene un parque nacional que se encuentra en La Pampa, el Parque Nacional Lihue Calel. Este ambiente se encuentra altamente modificado antrópicamente por el manejo de los recursos hídricos (ríos) nacientes en la Cordillera de los Andes.


       En el caso particular de La Pampa, esta ecoregión es atravesada por dos ríos (Atuel y Salado) que luego confluyen formando los ríos Chadileuvú que se transforma luego en Curacó el cual confluye (se une) con el Río Colorado que termina en el Mar Argentino. Cabe destacar que estos ríos tienen un comportamiento de llanura, es decir que no son como los típicos ríos que nos imaginamos o nos enseñan que tienen un cauce marcado y sus aguas van a gran velocidad. Las características del terreno, entre ellas la falta de pendiente, hace que se conformen sistemas de humedales. Claro, esto siempre y cuando tengan agua. En el año 1918 la provincia vecina de Mendoza empieza a realizar un aprovechamiento no sustentable (sin consciencia sobre las poblaciones y los ecosistemas aguas abajo) de sus recursos hídricos para riego y aprovechamiento energético mediante la construcción de represas. Este manejo inapropiado de los ríos trae como consecuencia que en la provincia de La Pampa (que por esa época no era provincia si no territorio nacional) se produzca una desertificación del oeste pampeano debido al corte del río Atuel, lo que conlleva a una total modificación del paisaje natural, afectando negativamente a sus habitantes, quienes son forzados por la falta de agua a vivir en otras regiones.


    Hoy en día, se tiene un entendimiento más consciente sobre las funciones ecosistémicas de los diferentes paisajes y de las implicancias ambientales de un mal manejo de un recurso natural. Sin embargo, este conflicto a escala paisaje o cuenca ha llegado hasta la justicia nacional e internacional debido a que, pese a que como sociedad toda tenemos una mayor comprensión ambiental, muchas veces seguimos posicionándonos por encima del ambiente haciendo un uso no sustentable de los recursos naturales.


    Todos los ambientes naturales son bellos en sus características y componentes. No estamos solos con el ambiente, somos el ambiente y los límites políticos siempre van a quedar chicos en comparación con los mecanismos naturales a nivel de cuenca. El manejo que se haga sobre los ambientes no debería tener una condición de “embellecimiento” o extractivismo bajo parámetros netamente humanos. En pocas palabras, el río Atuel también es pampeano.