En la columna ambiental de hoy detallamos la descripción de un conflicto interjurisdiccional de mal manejo de los recursos hídricos que tuvo como consecuencia la desertificación del oeste pampeano.
Tenemos
en nuestras mentes que la belleza de los paisajes está arraigado a la
cantidad de agua que haya en estos, de esta manera, se suele catalogar a
los desiertos como algo “malo” y a las selvas y bosques como algo
“bueno”.
Cuando hablamos de paisaje nos referimos a un ambiente que
tiene características determinadas dependiendo de la topografía (si hay
llanura, valles, cerros o montañas) y el clima (cantidad de lluvia y
temperatura), lo cual hará que se encuentren formas de flora, fauna y
tipo de suelo característico. Ahora bien, ¿estas características de los
ambientes son solamente naturales o puede haber un efecto derivado de la
acción humana?
Antes
de responder a esta pregunta, debemos recordar algunos conceptos. Hemos
mencionado que el ambiente también nos incluye a la especie humana como
parte y forma, lo cual se denomina mirada “eco centrista” que, a
diferencia de la mirada “antropocentrista” (antro=humano, centrista=
centro de atención), nos incluye y nos responsabiliza sobre las acciones
que tenemos como ambiente. Recordemos que no es la intención nunca
generar sentimientos de culpa en los individuos sobre todos los
problemas del mundo porque no tiene lógica en sentido de escala y
entorpece en la responsabilización consiente con nuestro entorno.
Ahora
sí, ya con esas cuestiones aclaradas, vamos a responder la pregunta
formulada retomando nuestro viaje por las ecoregiones de La Pampa, nos
queda una por definir, la denominada ecoregión “del Monte de llanuras y
mesetas”. Ésta ocupa un 6,71% de toda la Argentina y solo tiene un
parque nacional que se encuentra en La Pampa, el Parque Nacional Lihue
Calel. Este ambiente se encuentra altamente modificado antrópicamente
por el manejo de los recursos hídricos (ríos) nacientes en la Cordillera
de los Andes.
En
el caso particular de La Pampa, esta ecoregión es atravesada por dos
ríos (Atuel y Salado) que luego confluyen formando los ríos Chadileuvú
que se transforma luego en Curacó el cual confluye (se une) con el Río
Colorado que termina en el Mar Argentino. Cabe destacar que estos ríos
tienen un comportamiento de llanura, es decir que no son como los
típicos ríos que nos imaginamos o nos enseñan que tienen un cauce
marcado y sus aguas van a gran velocidad. Las características del
terreno, entre ellas la falta de pendiente, hace que se conformen
sistemas de humedales. Claro, esto siempre y cuando tengan agua. En el
año 1918 la provincia vecina de Mendoza empieza a realizar un
aprovechamiento no sustentable (sin consciencia sobre las poblaciones y
los ecosistemas aguas abajo) de sus recursos hídricos para riego y
aprovechamiento energético mediante la construcción de represas. Este
manejo inapropiado de los ríos trae como consecuencia que en la
provincia de La Pampa (que por esa época no era provincia si no
territorio nacional) se produzca una desertificación del oeste pampeano
debido al corte del río Atuel, lo que conlleva a una total modificación
del paisaje natural, afectando negativamente a sus habitantes, quienes
son forzados por la falta de agua a vivir en otras regiones.
Hoy
en día, se tiene un entendimiento más consciente sobre las funciones
ecosistémicas de los diferentes paisajes y de las implicancias
ambientales de un mal manejo de un recurso natural. Sin embargo, este
conflicto a escala paisaje o cuenca ha llegado hasta la justicia
nacional e internacional debido a que, pese a que como sociedad toda
tenemos una mayor comprensión ambiental, muchas veces seguimos
posicionándonos por encima del ambiente haciendo un uso no sustentable
de los recursos naturales.
Todos
los ambientes naturales son bellos en sus características y
componentes. No estamos solos con el ambiente, somos el ambiente y los
límites políticos siempre van a quedar chicos en comparación con los
mecanismos naturales a nivel de cuenca. El manejo que se haga sobre los
ambientes no debería tener una condición de “embellecimiento” o
extractivismo bajo parámetros netamente humanos. En pocas palabras, el río Atuel también es pampeano.

