En la columna ambiental de hoy trataremos el tema de la agricultura en la ecoregión pampeana, las implicancias en el paisaje y nos preguntaremos si deseamos vivir en un mundo sin diversidad.
Pampa en quechua quiere decir “llanura”, en otras palabras, cuando nos referimos a la llanura pampeana bien estamos diciendo “llanura de llanura”. Redundante pero ¿certero?. Recordando el concepto de eco región (“zonas” que se reflejan por el clima, presentan vegetación y fauna que está adaptada para vivir en esas regiones y, las condiciones de clima, vegetación y fauna modifican los tipos de suelo), La Pampa se encuentra enmarcada en tres ecoregiones denominadas “Pampa”, “Espinal” y “del Monte”. Entonces, ¿es realmente toda la provincia una gran llanura?. Lo vamos a descubrir desglosando qué hay en cada ambiente y qué uso y problemas derivados ambientales hay en cada región. Hoy vamos a detallar sobre la primer ecoregión mirando de este a oeste, la región pampeana o “Pampa” a secas.
Esta zona, que tiene el mismo nombre que la provincia, solo representa un 7,52% de la extensión de todo el país y menos de 1/3 de la provincia de La Pampa. Sin embargo, nuclea o concentra casi todas las actividades agrícolas del país, con cultivos de cereales (trigo, cebada, etc.), leguminosas (soja), girasol, papa, entre otras. Esto lleva a que la región pampeana sea la más modificada por acción humana, entonces la vegetación natural que consistía en pastizales quedó relegada a algunos parches (es decir, pedazos aislados) y las banquinas de las rutas. Para sumar un dato más, solo el 0,01% de toda la ecoregión se encuentra protegida.
Está bien, de algo tenemos que vivir como país y de algún lado salen los alimentos, es verdad. Pero, recordemos que casi toda acción humana trae consigo un perjuicio al ambiente (externalidad negativa) y que uno de los principales problemas ambientales y también causa de otros problemas es el “cambio de uso de suelo” el cual deriva en pérdida de hábitat que conlleva (entre otras cosas) a la extinción de especies. Cuando hablamos de cambio de uso de suelo nos referimos al reemplazo de vegetación natural por otra cosa. En este caso, por vegetación exótica, domesticada y en forma de cultivo. Un problema derivado de este reemplazo es la perdida de nutrientes del suelo. Cada planta cumple una función ecosistémica, es decir que tiene un “trabajo” o “rol”, algunas plantas aportan nutrientes como Nitrógeno, Fosforo, Magnesio, etc., mientras, otras extraen parte de esos nutrientes pero luego al morir en el lugar se descomponen y pasan a formar parte del suelo.
Un sistema natural es un sistema dinámico (en constante movimiento) y que funciona como un ciclo que pareciera que nunca termina. Un sistema modificado por el humano (antrópicamente) no suele ser cíclico porque se necesita extraer o sacar elementos del sistema para comer o comercializar, entonces es necesario meter o incorporar suplementos para que el sistema siga funcionando. Casi siempre ese “algo que se incorpora” a la planta de nuestro interés es un químico externo (agroquímico) para que aporte esos nutrientes de manera artificial y elimine cualquier especie (animal, vegetal, bacteria u hongo) que pueda “perjudicar” a nuestro cultivo.
No voy a hablar, en esta columna, de las implicancias de los tipos de cultivo ni de si agroquímicos sí o agroquímicos no, el detalle de los problemas ambientales derivados por esos puntos serán tema para otras columnas. Por ahora voy a dejar las siguientes preguntas “¿Dónde se fueron los animales que teníamos? ¿Dónde quedaron las múltiples especies de plantas, hongos y organismos en general?. La modificación del paisaje trae consigo la extinción de especies, entonces, ¿queremos un mundo sin diversidad?.

