Vivimos valorando cosas, situaciones, seres vivos y, también al ambiente. Pero, ¿qué es el valor? Y ¿Cómo se valora al ambiente? En la columna ambiental de hoy resolvemos estas y más preguntas.
Cuando hablamos de valor se nos puede venir a la mente, quizás, tres cosas: el valor “moral”, el valor económico y el valor emocional, social y/o cultural. En materia ambiental nos centramos en los dos últimos, pero vamos por partes. ¿Por qué es importante valorar el ambiente? El ambiente, como he comentado en otras columnas y seguiré comentando, incluye y encierra no solo a los componentes naturales (flora, fauna, montañas, ríos, paisajes y seres vivos en general) si no, a las personas, la humanidad toda. Entonces, si nos vemos dentro y parte del ambiente, es más sencillo entender por qué tiene valor. Ahora bien, estamos en un sistema en donde la valoración emocional, social y/o cultural puede llegar a ser tan subjetiva que es necesario homogeneizar estas sensaciones de valor en algo más objetivo. Para esto, se utiliza la economía, que, por medio de distintos métodos, que ahora vamos a detallar, puede o trata asemejar componentes del ambiente con valores monetarios para poder gestionar, manejar y conservar.Entonces, ¿cómo se hace para poner en términos económicos algo que es subjetivo, a veces intangible y que es parte fundamental de nuestra existencia? Bueno, se utiliza una metodología que se denomina Valoración Económica Total (VET), la cual engloba y suma formas de medición que se usan dependiendo del ambiente y/o de sus componentes, es decir es la suma de los valores de uso y de no uso. El primero habitualmente lo implementamos, por ejemplo, cuanto pagamos por usar y consumir bienes ambientales, como madera, frutos, minerales, entre otros. El segundo se clasifica a su vez en Valor de existencia (donde el sólo conocimiento de la existencia o ausencia de riesgo de desaparición de un bien ambiental produce bienestar), Valor de herencia (donde el bienestar deriva de la preservación y conservación para generaciones futuras) y Valor de opción (donde se ve el disfrute futuro de la persona de un bien ambiental), entre otras, pero vamos a quedarnos con estas tres por ahora. Pero, ¿Cómo le ponemos valor económico a los valores de no uso que son claramente dependientes de los sentimientos, emociones y contextos variados?
Vamos a explicar dos métodos con ejemplos. Primer ejemplo, supongamos que deseamos comprar o alquilar un terreno o una casa, si tenemos el dinero necesario para poder elegir una locación, es probable que elijamos un lugar que posea aire limpio, agua limpia, árboles, paisajes naturales. Sería como comparar una cabaña en la orilla de lago Nahuel Huapi rodeado de bosques a un monoambiente interno sin ventanas en el barrio más edificado de Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Entonces, el mayor precio del primero respecto al segundo se basa en lo ambiental y, con esta valoración económica, se conserva más ese ambiente porque pensamos en nuestro bienestar, a esto se lo denomina método de “Precios hedónicos”.
Segundo ejemplo, si alguna vez fueron a algún Parque Nacional en nuestro país podrán haber notado que dependiendo el lugar el costo de la entrada es más o menos cara. Por ejemplo, la entrada para acceder al Parque Nacional Iguazú, donde están las cataratas en Misiones, sale $2000 pesos por persona mientras que la entrada para el Parque Nacional Río Pilcomayo, en Formosa, es gratis. Para poder poner este precio, la Administración de Parques Nacionales (APN) utiliza una metodología que se denomina “Costo de Viaje” que suma todo lo que una persona o grupo de personas está dispuesta a pagar en pasajes, alojamiento, gastronomía y demás para poder visitar un ambiente natural conservado, parece ser que hay más personas dispuestas a ver las Cataratas como salida de vacaciones, por lo que tiene más valor. Luego, APN redistribuye de manera más o menos equitativa lo que recolecta de cada Parque Nacional para el mantenimiento de todos los parques del país.
Como vemos, el VET da la capacidad de poder conservar ambientes, con sus componentes naturales y antrópicas (humanas) usando las herramientas económicas. Por el momento, necesitamos objetivar o “volver objeto o cosa” lo que no es, como los seres vivos, para poder ponerle precio y recién ahí poder conservarlos/nos.
En un futuro, quizás, la existencia sola de los componentes del ambiente será suficiente para asegurarle una calidad de vida sana y buena a toda la humanidad.

