lunes, 12 de octubre de 2020

Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie

En la columna ambiental de hoy abordamos la temática de los Residuos Sólidos Urbanos más específicamente plástico. ¿Qué impacto tiene y cómo podemos disminuir su cantidad?

  
 
    Usualmente cuando hablamos de consumismo o del hábito o costumbre de consumir pensamos en la materia prima que se consume pero no su envoltorio. Dicho de manera más simple, si nos compramos muchas cosas porque las deseamos, las queremos y tenemos la posibilidad de adquirirlas, no nos fijamos en qué viene lo que compramos. Ojo, hablo en términos generales. Hagamos un ejercicio mental, imaginemos que vamos a comprar un celular por alguna página de compra online. Elegimos el que nos gusta y podemos pagar, lo compramos y nos lo traen a nuestra casa. En el momento en que lo traen tenemos un primer envoltorio de plástico tipo embalado con cinta, luego una bolsita de plástico más, a lo que sigue una caja, donde dentro hay más plástico para contener el celular y, si viene con accesorios como cargador o auriculares, cada uno en una bolsita de plástico diferente. ¿Qué hacemos con todo ese plástico accesorio? Probablemente lo tiremos a la basura.


    Así como recién hicimos el ejercicio de pensar en la compra de un teléfono celular, tan corriente y usado, los invito a cada una de las personas que leen esta columna a imaginarse la cantidad y material de los envoltorios de todo aquello que compren. Desde un alfajor hasta una televisión de muchas pulgadas. También, pensar qué hacemos con esos plásticos, cartones y papeles que empaquetan todo.
No vengo a implementar un sentido de culpa para ninguna persona, como ciudadanos/as nadie es responsable ni tiene la culpa de la cantidad de envoltorios que tienen los productos, al menos no de manera directa. Pero, si entendemos y comprendemos qué es un Residuo Sólido Urbano (R.S.U.), de dónde proviene y qué efecto causa en el ambiente puede ayudar en la decisión personal de cada individuo en querer reducir la cantidad de residuos, reutilizar o reciclar los mismos. Esto puede hacer que algunas empresas opten por utilizar envoltorios biodegradables (es decir, que son compostables como explicamos en columnas anteriores) o aumenten los emprendimientos sustentables. Sobre esto último voy a dar un ejemplo real de una heladería en Buenos Aires, donde si llevas tu propio recipiente para llevar el helado te hacen un descuento en la compra. Es sustentable, genera menos residuo y es más económico para la persona que compra. Ejemplos como este hay muchos, algunos más modernos como confiterías de café al paso donde te podes llevar tu propia taza térmica y otros más conocidos y populares como los famosos “todo suelto” que venden sin empaquetado previo.


    Ahora viene la pregunta de oro, ¿de qué nos sirve querer generar menos R.S.U.?. Como vimos en columnas anteriores nosotros/as somos parte y forma del medio ambiente y, a diferencia de lo que muchas personas creen, no somos seres que miramos la “naturaleza” desde un pedestal. Todo lo que afecte al medio ambiente afecta nuestra calidad de vida. Los plásticos no se degradan sino que se van haciendo cada vez más chiquitos hasta el punto de verse microscópicos. Pese a ser de muy pequeño tamaño siguen ahí. ¿Ahí donde? Toda la basura del mundo termina inevitablemente en los mares y océanos debido a los ciclos naturales del planeta. En los océanos son comidos sin querer, mayormente, por los peces. Estos peces mueren envenenados por el microplásticos acumulado, además, otras especies acuáticas también sufren por estrangulamiento por las bolsas y envoltorios. Pero eso no es todo, los peces que no mueren son pescados y luego consumidos por nosotros/as. Sí, terminamos contaminando nuestro cuerpo con plástico.


    No estoy diciendo que se deje de consumir, somos seres sociales que trabajamos y nos queremos dar ciertos gustos o simplemente comprar comida o elementos necesarios. La conciencia ambiental no debe tratar de culpabilizar a los/as consumidores, si no de cambiar el sistema desde abajo hacia arriba. Si mucha gente cambia sus hábitos las empresas pueden cambiar los suyos. De paso, conservamos el ambiente porque ningún ser vivo quiere comer plástico.